El Barça invoca a Ronaldinho, pero sobrevive con un Super Joan Garcia
El día que el Barça invocó a Ronaldinho –en la jornada de camisetas retro– se sostuvo gracias a Joan Garcia. Hay algo misterioso en su temperamento. El primer enigma es común a todos los porteros y tiene que ver con haber elegido parar balones en lugar de marcar goles. El segundo, más personal, está en su manera de gestionar el riesgo: sin excentricidades, desmonta el tópico de que los porteros deben estar locos para triunfar.
Nadie del Espanyol sabe aún con certeza por qué cambió de opinión y acabó fichando por el Barça. Pero el Camp Nou hace tiempo que lo disfruta y lo celebra. Tres apariciones estelares suyas y un gol de Araujo permitieron al Barça llevarse la victoria y no dar opciones al Madrid de recortar puntos en LaLiga antes del parón.
Ante el Rayo Vallecano se presentó con una de esas intervenciones que cambian el estado de ánimo del rival. No había pasado ni un minuto y ya se había hecho gigante ante un remate de Carlos Martín a bocajarro. Pep Chavarría había castigado la espalda de Ronald Araujo, de nuevo titular en el lateral derecho.
Un susto que resolvió Joan, siempre puntual, y que despertó al equipo en horario de siesta. El primero en estirar a sus compañeros fue Raphinha, que compite como si no olvidara sus orígenes.
El brasileño es de esos jugadores que cree en jugadas que el resto considera inverosímiles. En un ejercicio de fe así, robó el balón a Pathé Ciss, se plantó solo ante Augusto Batalla y envió el balón fuera. La pausa no siempre acompaña a Raphinha, que vive con la mecha encendida.
Lamine compite como si fuera brasileño
El empuje de Raphinha animó a Lamine, que más que correr levita por el campo; hay algo armónico en todos sus movimientos, una especie de danza suave donde todo fluye. En la mayoría de jugadores diríamos que aún se divierte como si tuviera 18 años, pero en su caso literalmente tiene 18 años.

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